
Randy Ruiz llegando al plato despues de su HR. Foto de Josmar Martinez
Por Richie Lugo Marrero
Especial Ebeisbol.com
Sigue la agonía boricua. Dos juegos, dos derrotas. Esta vez ante Venezuela.
Parece una repetición de las pasadas Series del Caribe. Y es que Puerto Rico tiene mil formas de perder.
El juego tenía su drama: Caracas y Mayagüez necesitaban la victoria con urgencia. Llegaron al estadio con una derrota y en una serie tan corta, de apenas seis juegos, es un gran estorbo comenzar con par de ellas en el expediente.
Precisamente, así están los Indios, con 0-2, tras perder por final 5-2.
Contrario al primer día, que los boricuas recibieron una ofrenda monticular de Mario Santiago, en esta ocasión el abridor Juan Padilla se las vio negras desde temprano.
Tan mal le fue que en la tercera entrada ya estaba camino a las duchas. El derecho, de lanzamientos lentos y rompientes por el lado del brazo, había sido muy exitoso en la liga puertorriqueña. Pero aquí sus lanzamientos fueron alimento para unos Leones que llegaron hambrientos y obligados a no quedar mal en su propia madriguera.
Y fue el zurdo Raúl Padrón su peor pesadilla. En la segunda entrada le cazó un pitcheo y se la envió en un viaje sin regreso detrás de la verja derecha, para tomar ventaja por 2-0, y luego en el tercer inning, con compañeros en las esquinas, le dio sencillo remolcador al derecho, aumentando el ‘score’ a 4-0.
Una entrada más tarde, sencillos en sucesión de Gregorio Petit, Erold Andrus y Luis Maza, ante los envíos del zurdo Nelvin Fuentes, produjeron la quinta carrera de los locales, tomando una delantera decisiva de 5-0.
Fue el escenario idóneo para los Leones venezolanos, que espoleados por su fanaticada recuperaron la estima que les había robado la escuadra mexicana en la jornada inaugural.
Los Indios despertaron en la parte baja del cuarto capítulo, marcando dos rayitas, la primera gracias a cuadrangular de Randy Ruiz y la otra provocada por el segundo pecado defensivo en el desafío de Petit, que permitió anotar a Edgardo Báez.
Ese avivamiento era tardío. Mayagüez había concedido una ventaja capital a los anfitriones.
El abridor Jason Simontacchi merece algún crédito por el triunfo. Aunque no completó cinco entradas, supo manejarse con autoridad en los primeros tres capítulos, en los que abanicó a cuatro indios y no permitió carreras, dándole tiempo a que su equipo se acomodara arriba en la pizarra.
A pesar de todo, los boricuas sacaron sus armas en el quinto y sexto episodio, cuando estaban atrás por 5-2.
Pero, la pólvora estaba mojada. Por ejemplo, en la quinta tuvieron corredores en el segundo y tercer cojín, con el potente bateador Randy Ruiz en el plato, pero éste abanicó tres pitcheos del relevista Darwin Cubillán para matar la amenaza.
Y en la sexta, con las bases congestionadas, el zurdo Edgar Estanga eliminó a Jesús ‘Motorita’ Feliciano con fly al jardinero central.
Puerto Rico estuvo a un ‘swing’ de empatar o irse al frente. Pudo ser , pero no fue.
Desliz fatal
Por segundo día consecutivo, la novena boricua tuvo su momento de oscuridad.
Lo absurdo llegó en el tercer acto. Irónicamente, cuando los Indios daban muestras de vida. Sencillos de Angel Sánchez y Jesús Feliciano se combinaron con un error del paracorto Gregorio Petit para llenar las bases con un solo out.
Entonces se produjo lo irrazonable: Luis ‘Wicho’ Figueroa disparó batazo al bosque derecho que recibió al primer rebote Jackson Melián, tirando velozmente a segunda base para eliminar a Feliciano y, desde allí, Petit disparó al plato para retirar a Sánchez.
No se estruje los ojos porque leyó bien: una doble jugada vía ‘right field-shorstop-catcher’. Fue un segundo de vacilación que sepultó el acto de sublevación. Eso no se ve a menudo. A decir verdad, nunca ocurre. Quizá esa es la razón por la que usted, como hizo el dirigente Mako Oliveras, está moviendo su cabeza de lado a lado. Pero, cuando se trata de los boricuas, todo es posible. Y es que parece que Puerto Rico cumple una penitencia en Series del Caribe.
Sin una fórmula para ganar, los Indios de Mayagüez han caído muy profundo. Empero, ya no se puede mirar atrás. Si en el camerino puertorriqueño aún piensan en el trofeo de campeón, no les queda otra salida que llevarse los restantes cuatro partidos en calendario… y entonces rezar para que ningún oponente se vaya en escapada. Tal es su complicación.